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lunes, 30 de enero de 2012
Abuso sexual infantil
¿La celeridad del proceso va en favor o en contra de los niños?
Como dar una rápida respuesta ante las denuncias de abuso sexual a sido siempre una luz de alarma que se enciende entre los que tienen la responsabilidad de actuar en estos casos, pero la opinión de algunos expertos parecen determinar que no siempre rápido es sinónimo de acertado.
Se plantea la posibilidad de que un plazo entre 24 y 72 horas seria lo adecuado pero no se cree que esto permita brindarle a un juez la información mas verídica y precisa que le permita adoptar medidas cautelares de protección y que la definición del proceso sea rápida.
Los expertos indican que si existe una denuncia espontánea de un niño, "con palabras propias y de forma precisa" en el 95% de los casos se comprueba que la denuncia es real. Si la denuncia no es espontánea el procentaje baja a 60%.
Pero advierten que no es lo mas común que el menor relate espontáneamente la agresión, salvo cuando el agresor es un desconocido. En los echos las cifras internacionales indican que solo el 60% de las denuncias de abuso se comprueban.
Falsas denuncias
Pueden ocurrir cuando: Hay interpretaciones erróneas de los familiares.
Cuando el discurso del niño se ha "contaminado" del de sus cuidadores.
Cuando ha sido intencionalmente manipulado o presionado.
Y en esos casos si la sospecha se desestima ¿quien repara al progenitor?¿El progenitor que acuso falsamente al otro, debe seguir viviendo con el niño? ¿O ha cometido abuso emocional o negligencia?
En altísimo porcentaje la investigación de las denuncias de abuso es muy compleja mas aun si no se cuenta con huellas físicas, debido especialmente a la privacidad del suceso.
Es en este punto donde el discurso del menor se torna clave siempre y cuando las condiciones de la entrevista sean rigurosas.
Los preescolares suelen revelar la situación en forma accidental o bajo la influencia de un "estimulo evocador". Los escolares y adolescentes en cambio lo dicen a una persona digna de su confianza.
Cuando un niño realiza una denuncia de abuso, la primera posibilidad que debe ser considerada es que la denuncia es verdadera, sin embargo hay que tener en cuenta que de tres millones de denuncias de abuso y negligencia en Estados Unidos, solo la tercera parte, cerca de un millón se determino su veracidad.(un numero no menor de todas formas)
Las niñas prevalecen en los casos de abuso
Los estudios señalan que en los casos de abuso sexual a menores, hay una clara preponderancia de las niñas abusadas, que puede variar entre 5 a 1 y 2 a 1.
En los casos de incesto, la preponderancia de las niñas es mas pronunciada: 8 y 9 a 1.
El abuso sexual con penetración es mucho mas frecuente en la etapa pospuberal. Y los victimarios son casi siempre varones: algunos autores les adjudican el 93 % de los casos.
La madre suele funcionar como un agresor pasivo, ya que en la mayoría de los casos de abuso incestuoso, de una u otra forma la madre tolera o favorece la situación.
Es mas factible el abuso sexual si la madre hace abandono del hogar, hay ausencia por enfermedad, distanciamiento emocional y escasa afectividad.
Hoy mas del 90% de los casos de abuso y maltrato responden al seno intrafamiliar. Los expertos entienden que es "casi imposible" que una madre no sepa del maltrato.
Las estadísticas indican que quince niños de cada mil sufren algún tipo de maltrato. A nivel internacional, entre las situaciones de maltrato , se estima que cerca del 45% responden a casos de negligencia, 26% a casos de maltrato físico, 11% a abuso sexual, 3 % a abuso emocional y hay un 16 % de casos inespecíficos.
Aunque la mayoría coincide en que es necesario mejorar el marco legal dotándolo de una mayor rapidez de resolución y efectividad no necesariamente hay consenso en resolver si o si los casos en forma breve.
A diferencia del maltrato físico, el abuso sexual en niños en general no tiene lesiones físicas que lo evidencien, ni procesos infecciosos. La razón es que el abuso sexual infantil suele ser sin penetración, y lo mas común es encontrar consecuencias emocionales.
Por eso depende de testimonios y diagnósticos.
Para poder apoyar verdaderamente al niño el estudio debe ser científico.
Hay casos en que el niño si sufrió un abuso y sin embargo es visto por el entrevistador sin calificación y esto lleva a que el niño no brinde toda la información veras y luego el juez se queda sin este elemento de prueba tan fundamental por estar contaminado por el evaluador adulto.
Es fundamental hacer hincapié en la capacitación técnica de los peritos y entrevistadores. Los relatos surgidos de interrogatorios repetidos, plagados de preguntas inductorias, carecen de toda validez y pueden significar la perdida de un elemento probatorio por la impericia de quienes conducen la entrevista.
La reiteración de interrogatorios es contraindicada in todos los casos y se recomienda una sola entrevista en lo posible con cámara de Gessel(sala con vidrio de visión unilateral)
Los niños tienen hoy mucha información inadecuada para su edad:
Pensemos en el baile del caño nos daremos cuenta de que cantidad de información deformada e inapropiada están recibiendo con el padre y la madre como espectadores.
Como en la mayoría de los males que nos afectan como sociedad en este también la educación, la correcta información y la prevención resultan los mejores remedios.
Comienza en casa.
lunes, 11 de abril de 2011
Gracias Rolando Hanglin
Los hijos de la noche
Por Rolando Hanglin
Pensándolo bien: ¿Qué tiene que hacer un chico de 16 años, a las cinco de la madrugada, en las inmediaciones de la Ruta Panamericana, después de bailar en Pachá? ¿Qué tienen que hacer todos nuestros hijos adolescentes, de 12 a 19 años, en boliches donde se fuma, se bebe alcohol, se estropea el oído, se gritan insensateces y en cualquier momento se muere en la humareda de un incendio, o a manos de los desalmados que abundan a esas horas?
No son horas.
La clase media argentina, tradicional reserva de talentos que ha producido a Domingo F. Sarmiento, a Juan B. Alberdi, a Juan B. Justo, a René Favaloro, a Luis Sandrini, a Ricardo Lorenzetti, a Gerardo Sofovich, debe buscar en sus entrañas y lanzarse a una profunda mutación.
De vuelta al estudio, el trabajo, el ahorro. Como ha sido siempre, antes.
Los adolescentes no tienen ninguna necesidad de bailar. No es uno de los derechos humanos. La prueba está en que, si se le impide dormir a una persona, enloquece y muere. En cambio, se lo deja sin bailar y sigue contento y feliz. No pasa nada.
Si los teenagers quieren reunirse, pueden hacerlo en las casas de familia, como ha sido siempre. Con la música bajita, porque los vecinos descansan. Sin fumar ni beber. Hasta las doce de la noche. Y después, a dormir. ¿Cuál es el problema? Dormir es sano y necesario, porque mañana hay que levantarse a las 8 para jugar al rugby, o al hockey, o al fútbol, o repasar una materia. Como ha sido siempre y como sigue siendo en países serios como Canadá, Japón o Inglaterra.
¿Que la industria de la noche es un negocio lícito y produce ganancias importantes? Perfecto, que los señores de la noche hagan su negocio, como hasta ahora. Pero sólo para adultos. Que llegan en su auto y, si quieren, con su chofer. Por mí pueden emborracharse hasta quedar catatónicos: pero entre cuatro paredes y siendo mayores de 21 años. En la calle y manejando: no.
Nuestros hijos no deberían alquilar una Combi (en realidad, la pagamos nosotros) para llegar al boliche a las 2 de la mañana con la sagrada misión de "cagarse de risa" hasta las 5 y media. Es una locura. Es tentar a la desgracia. No lo permitamos.
La verdad que no confesamos es que nuestros hijos de 15 años salen de noche y beben aunque esté prohibido, porque existen "salones de fiestas" que son discotecas encubiertas, y en nuestro medio es fácil burlar la ley. Sobre todo si los padres no sabemos decir que no, cuando nuestros encantadores mocosos nos rezongan que "todos tienen permiso", "todos van", "todos lo hacen", "soy el único tarado", "soy la única pavota". Entonces, todos los viernes y sábados hay un cumpleaños, una despedida, un fin de curso, un recital, una fiesta del colegio tal o del liceo cual. En resumen, los adolescentes borrachos y circulando por las rutas hasta el amanecer.
Los "viajes de egresados" son un invento maldito. Primero: los chicos no han egresado de ninguna parte. Apenas acaban de terminar malamente un año, y deben rendir materias. No están egresando. No tienen por qué viajar. Y menos a Bariloche u otros sitios, lejos del control de sus padres, con el exclusivo propósito de producir aturdimiento, ebriedades, desórdenes sexuales y destrozos en los hoteles. ¿Cuál es la idea y quién la instaló?
La verdadera fiesta de egresados es, originariamente, un hecho institucional: se trata de un acto en el cual los alumnos que terminan su secundario presentan a sus familias, reciben sus diplomas, se despiden del colegio y, a veces, bailan. Todo supervisado por el rector y los profesores. Punto.
La nocturnidad adolescente es una creación siniestra que lleva la marca argentina en el orillo, porque ninguna sociedad del mundo la permite. Ni los católicos, ni los socialistas, ni los neoliberales, ni los protestantes... ¡No hablemos de los islámicos!
Mediante la nocturnidad, hemos establecido que los jóvenes se van de sus casas, después de descansar un rato, a las dos de la mañana. Llegan como pueden a las proximidades de una discoteca. Por lo general, están borrachos al arribar a la puerta, debido a la simpática "previa". En esas largas filas de espera, hay chicas que venden "petes" o "besos por un peso", para pagar la entrada, otras que exhiben el documento de la hermana mayor para que las dejen pasar, y no faltan los muchachitos que vomitan en la vereda o caen desvanecidos. Frecuentemente, se pegan e insultan. A la salida, en la desbandada del amanecer, ocurren las desgracias.
De la juventud del "amor y paz", sonrisas alucinadas, pies descalzos, un porrito, el sonido de voces y guitarras, el sexo libre (pero sano y sin violencia) hemos pasado en pocos años a esta cabalgata de barras bravas, haciendo "pogo". Sin embargo, son las mismas edades adolescentes, con las mismas caras puras y cuerpos vírgenes. ¿Cómo fue? ¿Cómo hicimos la metamorfosis de "una chica moderna" a "un gato"?
Naturalmente, a la madrugada, los padres yacen desmayados en sus camas. Hoy día se trabaja mucho. No se les puede pedir a papá y mamá que arranquen el auto o pidan un remise a las 6 de la mañana para salir a campear a los hijos e hijas por los inmensos bailables del conurbano. Físicamente, no pueden. Se ha creado así un mundo aparte, un universo de adolescentes completamente separados de sus familias. El mundo del alba es uno, el de la noche es otro. Los chicos viven de noche y duermen de día. Duermen en el colegio, en la playa, en la iglesia y en sus casas. Duermen, duermen, duermen. Cuando despiertan, se sientan frente a la computadora, frotándose los pelos, a leer disparates, o se aferran al celular para enviar mensajes de texto donde todo se escribe sin hache y sin acento.
Cuando nosotros no estemos: ¿De qué van a vivir estos adolescentes, que a los treinta años todavía están meditando sobre "cual es mi verdadera vocación"? ¿Cómo se ganarán el pan, vendiendo drogas?
Hemos hecho un estropicio. Nosotros, los padres de clase media.
Dicen que toda persona tiene derecho a poseer un sueño. Yo, por de pronto, tengo el mío. Una juventud sana, que salga del ruido, la noche, la droga, la ignorancia y lo "divertido". Que se entregue al día, al silencio, al estudio, al deporte, a la cultura, a la familia.
Alguno me dirá que este es el mismo ideal de "Mi hijo el dotor", que escribió Florencio Sánchez en 1930. Sí, es lo mismo. ¿Alguien tiene una idea mejor?
(Dedicado a la memoria de Florentino Sanguinetti, severo profesor y respetado rector de un gran colegio).
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